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FRONTERAS DE QUITA Y PON

El País - 12 de mayo de 2011

Ricardo Martínez de Rituerto

"¬ŅAcaso quiere usted una cola de 1,2 millones de veh√≠culos este verano esperando a pasar un control de fronteras en Holanda?". Una eurodiputada europe√≠sta salt√≥ como una furia con esa pregunta a la intervenci√≥n euroesc√©ptica y¬†antischengen del eurodiputado holand√©s Daniel van der Stoep. El interpelado no respondi√≥ directamente, pero reiter√≥ su opini√≥n: "Antes √©ramos due√Īos de nuestro destino. Ahora tenemos a 25.000 tunecinos circulando por Europa. No hab√≠a ni que haberles permitido entrar". Ese intercambio en el debate en la Euroc√°mara sobre Schengen y la pol√≠tica migratoria de la UE -puestos en cuesti√≥n por la¬†primavera √°rabe en el Norte de √Āfrica y los intentos de Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi de restringir la libertad de movimientos en la UE- resumi√≥ en un fogonazo el estado de la cuesti√≥n, encarnado en la resurrecci√≥n de los pasaportes para cruzar fronteras europeas que se cre√≠an desaparecidas y que ahora se revelan como fronteras de quita y pon.

Tambi√©n el jefe de los eurosocialistas, el alem√°n Martin Shultz, empadronado en una localidad vecina a la confluencia de las fronteras de Alemania con B√©lgica y Holanda, se pregunt√≥ en el debate: "¬ŅAcaso voy a tener que usar el pasaporte para cruzar de Aquisgr√°n a Maastricht?". "No, ni usted ni yo debemos esperar controles de pasaportes", le respondi√≥ con iron√≠a el verde Daniel Cohn-Bendit. "El control ser√° facial. Los de piel oscura o los diferentes no pasar√°n. Ser√° una Europa a la carta", dijo, recordando la vieja Europa a la carta en la que no hab√≠a lugar para los jud√≠os. "Esa era la Europa que ten√≠amos".

Que ten√≠amos, de la que hab√≠amos cre√≠do salir con el sue√Īo de la construcci√≥n europea y que ahora asoma amenazadoramente por un horizonte en el que populistas, nacionalistas y xen√≥fobos sacan r√©ditos may√ļsculos de una sociedad desencantada, en crisis econ√≥mica, que asocia emigrantes con delincuencia, se siente molida a impuestos y burlada por una clase pol√≠tica cortoplacista e incompetente. El eurodiputado Van der Stoep es uno de los beneficiarios de la situaci√≥n. Su Partido por la Libertad, liderado por el efectista Geert Wilders, es la tercera fuerza pol√≠tica de los Pa√≠ses Bajos y en las euroelecciones de 2009 fue el segundo m√°s votado por los holandeses.

Pero ninguno ha conseguido tanto como el Partido Popular Dan√©s, tercera fuerza pol√≠tica del pa√≠s con un programa xen√≥fobo, que ayer forz√≥ al Gobierno centroderechista de Copenhague a imponer este mismo mes controles en sus fronteras con Alemania y Suecia, con la excusa de combatir la inmigraci√≥n ilegal y la delincuencia organizada, seg√ļn su l√≠der, Pia Kjaersgaard.

"No hay que ceder ante las medidas populistas de dos jefes de Gobierno con la espalda contra la pared", reclama Shultz en referencia a a Sarkozy y Berlusconi, acuciados ambos por las urnas y presiones por su flanco derecho, que han conseguido que la Comisión Europea estime digna de consideración su propuesta de retocar Schengen para facilitar la reintroducción de controles fronterizos.

"Cerrar otra vez las fronteras y modificar Schengen por 20.000 tunecinos o menos es un claro ejemplo de que Europa no est√° sana", comentaba la excomisaria europea Emma Bonino antes de la decisi√≥n del Gobierno dan√©s. Las cifras muestran la verdadera dimensi√≥n del problema, un problema menor que puede degenerar en uno de grandes proporciones si se cede al populismo. Seg√ļn datos de la UE, el n√ļmero de ciudadanos no comunitarios que resid√≠an irregularmente en la UE en 2009 y fueron descubiertos rondaba los 570.000, a√Īo en que fueron repatriados alrededor de 250.000. Con el 7,3% de su poblaci√≥n, Espa√Īa es el pa√≠s comunitario (excepci√≥n hecha de dos b√°lticos por la fuerte impronta rusa) con mayor presencia de naturales de pa√≠ses no pertenecientes a la Uni√≥n.

Al cuarto de siglo de su concepci√≥n en la peque√Īa localidad luxemburguesa de Schengen, fronteriza con Francia y Alemania, y a los 16 de vida real, est√° contra las cuerdas el acuerdo para la libertad de circulaci√≥n en Europa, uno de los grandes logros de la construcci√≥n europea perceptibles por los ciudadanos.

Pertenecen a Schengen 22 países de la UE (son la excepción Irlanda, Reino Unido, Chipre, Bulgaria y Rumanía) y los extracomunitarios Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein. No hay en ellos controles en el movimiento de personas, siempre y cuando se hayan adoptado "las medidas adecuadas con respecto a los controles en la fronteras externas", como estipula el acuerdo. Todos los países tienen fronteras externas (un viajero que llegue a Viena por avión desde un país que no pertenezca a Schengen pasará un control de pasaportes, aunque luego ya se podrá mover por el área Schengen sin cortapisas), pero la geografía hace que algunos Estados, en especial los mediterráneos y el sureste de Europa, se hayan convertido en fronteras terrestres de la Unión.

Schengen es un descomunal ejercicio masivo de confianza mutua porque automáticamente los socios del club reconocen las decisiones sobre acceso de personas a la zona que toma uno de ellos. De ahí que los controles trasciendan el interés nacional para convertirse en materia de interés y preocupación de todos los países del área Schengen. Esa confianza es la que ha saltado por los aires en el pulso entre Roma y París por la llegada a Italia de más de 20.000 tunecinos y el deseo italiano de quitárselos de encima exportándolos a Francia y otros países de la Unión. En el pulso se ha visto metida de mala manera la Comisión, a la que el presidente francés y el primer ministro italiano han pedido que examine "la posibilidad de restablecer temporalmente los controles en las fronteras interiores en caso de dificultades excepcionales en la gestión de las fronteras exteriores comunes".

Ante la primavera árabe y, en particular, la guerra civil en Libia, Italia ha venido pronosticando un éxodo de proporciones bíblicas hacia Europa, y ha pedido infructuosamente ayuda a los otros socios europeos para hacer frente a la vanguardia de ese éxodo. Como los europeos no se han conmovido con la jeremiada romana ni creen que el país esté al borde de la invasión, Berlusconi y su ministro de Interior, Roberto Maroni, pilar de la xenófoba Liga Norte, decidieron el mes pasado cortar por lo sano y conceder "un permiso temporal de residencia a los emigrantes que han manifestado su intención de ir a otro Estado" de la Unión, en confesión parlamentaria del propio Maroni, reveladora del juego sucio político con los socios comunitarios.

La Francia de Sarkozy solo necesitó 24 horas para contraatacar. Su ministro de Interior, Claude Guéant, cuestionó la legalidad de los permisos concedidos por Maroni, ordenó a sus policías que controlaran a los emigrantes sospechosos y que les aplicaran estrictamente una serie de criterios para estar en Francia, entre ellos el de contar con un documento válido de viaje (por ejemplo, un pasaporte con visado) y tener suficientes recursos financieros (31 euros por día de pretendida estancia en el país, unos 900 euros mensuales). Los otros ministros de Interior de la UE, que también habían cuestionado la legalidad de la iniciativa italiana, se hicieron solidarios de las medidas francesas y aplaudieron. "Les vamos a pedir papeles que no tienen, así que los tunecinos no se van a mover de Italia", celebró irónicamente en Luxemburgo Alfredo Pérez Rubalcaba.

Pero se han movido, y a Francia han llegado unos 3.500, catalizadores de la propuesta de Sarkozy y Berlusconi de poner orden en su carrera de medidas unilaterales mediante el arbitraje de la Comisión para sus planes de restablecer nuevos controles fronterizos. La improvisada nueva política francesa quedó en evidencia el domingo de Ramos en Ventimiglia, cuando se impidió la entrada desde Italia del Tren de la Dignidad en que viajaban unos centenares de activistas italianos y franceses junto a unas decenas de tunecinos. El inesperado cierre unilateral francés del área Schengen sacudió los cimientos de la UE.

La comisaria de Interior, Cecilia Malmstr√∂m, niega que la llegada a Italia de los tunecinos ponga al pa√≠s en situaci√≥n l√≠mite y son muchas las voces en la UE que subrayan c√≥mo la aut√©ntica crisis migratoria es la que afrontan T√ļnez y Egipto con la llegada de unos 600.000 refugiados que huyen de Libia.

A la hora en que Estados Unidos abre la mano a la regularizaci√≥n de millones de indocumentados, Malmstr√∂m va a discutir hoy por primera vez con los ministros de Interior de la UE su estrategia sobre la migraci√≥n, con m√ļltiples vertientes por desarrollar, en la que introduce las ideas de Sarkozy y Berlusconi para retocar Schengen. A ella, liberal, no le terminan de convencer las pretensiones de ambos dirigentes e insiste en que lo que hasta ahora ha sido una gesti√≥n intergubernamental de Schengen pase a la esfera comunitaria, una vieja idea ya rechazada por los Gobiernos.

En su estrategia, Malmstr√∂m reconoce, sin detallar todav√≠a c√≥mo y a la espera de escuchar a los ministros, que "puede ser necesario introducir un mecanismo que permita decidir a nivel europeo cu√°les ser√°n los Estados que volver√°n a introducir con car√°cter excepcional el control en la frontera interior y por cu√°nto tiempo". La comisaria insiste en que "este mecanismo se utilizar√≠a como √ļltimo recurso en situaciones verdaderamente cr√≠ticas".

Los acuerdos de Schengen "fueron muy dif√≠ciles de negociar", recuerda Javier Solana, ministro en el Gobierno con el que Espa√Īa se sum√≥ en 1991 al pacto. "No debemos cambiar nada. No hay que ir hacia atr√°s", mantiene quien fuera coordinador de la pol√≠tica exterior de la Uni√≥n. La marcha atr√°s ser√≠a tanto en la imagen exterior de una UE que se encierra en s√≠ misma como entre los propios socios. "La fuerza tras la propuesta de Sarkozy y Berlusconi no es la confianza mutua y la solidaridad, sino la desconfianza", se√Īala Yves Pascouau, del European Policy Center, un centro de estudios de Bruselas. "Supondr√≠a un giro de 180 grados en la filosof√≠a sobre la que descansa Schengen".

Más dramática es la conclusión a que llega Massimo Merlini, del Centre for European Policy Studies, otro think tank bruselense y coautor de un estudio sobre Schengen y elaffair franco-italiano. "Está en juego la libertad de circulación, un pilar fundamental de la UE. La propuesta de Sarkozy y Berlusconi es un paso atrás en el proceso de integración europea", dice Merlini. "Lo que estamos viendo es un escenario preocupante. La UE debe intervenir para atajar esta degeneración".

Los ministros de Interior de los Veintisiete, divididos sobre los planes de Sarkozy y Berlusconi -"eso es matar moscas a ca√Īonazos; Schengen tiene sus mecanismos para responder a situaciones nuevas", dice Rubalcaba-, comienzan hoy a preparar el trabajo para que los jefes de Estado y de Gobierno de la UE diriman la cuesti√≥n en el Consejo Europeo de finales de junio. Jos√© Manuel Durao Barroso asegur√≥ en la Euroc√°mara que resistir√° las presiones de populistas y extremistas. Los hechos demuestran que Sarkozy pastorea a placer los bueyes de la Uni√≥n. Y Berl√≠n apoya sus planes para Schengen. Lo mismo que Dinamarca, que predica con el ejemplo, Holanda y Austria.





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