sito in fase di manutenzione: alcuni contenuti potrebbero non essere aggiornati
 
 giugno 2020 
LunMarMerGioVenSabDom
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930 
CAMPAGNE
MISSIONI

CERCA:

Ministero degli Affari Esteri

Living together - Combining diversity and freedom in 21st-century Europe [Report of the Group of Eminent Persons of the Council of Europe] PDF DOWNLOAD >>

DOCUMENTARIO DEDICATO DA AL-JAZEERA ALLA LEADER RADICALE EMMA BONINO

Cookie Policy

XXXVIII CONGRESSO DEL PARTITO RADICALE TRANSNAZIONALE - TIRANA, 31 OTTOBRE - 3 NOVEMBRE 2002 (ESPANOL)

XXXVIII CONGRESSO PRT (Seconda Sessione)

Tirana, 31 ottobre - 3 novembre 2002

Intervento di Emma Bonino


Alguien escribió que cuando el futuro se presenta incierto y el presente difícil, tendemos a dirigir la vista hacia el pasado buscando algún punto de referencia, para reencontrar el hilo conductor de nuestros actos. Pero también sucede que sea nuestro pasado el que, casi espontáneamente, venga en nuestra ayuda. Y esto es lo que me sucede estos días aquí en Albania, devolviéndome con fuerza a la memoria los últimos diez años de nuestra historia de radicales, empezando por las imágenes y emociones ligadas a la crisis de Kosovo, a los centenares de miles de prófugos y deportados que se amontonaban en las fronteras albanesa y macedonia. Y me vuelve, con esas imágenes, el tormentoso debate que en nuestro partido hubo, justamente en los meses a caballo entre el 98 y el 99, a propósito del papel de Emma Bonino: ¿era más importante que permaneciese en mi puesto de Comisaria Europea para la Ayuda Humanitaria, principal responsable del destino de los kosovares?, ¿o era más importante (como sostenía algún compañero) que dejara anticipadamente Bruselas pare retornar a las filas del partido en vista de la campaña electoral para las europeas de junio del 99? Lo sé!, hoy esa duda puede parecer ociosa. Pero entonces tuve que aferrarme a mi brújula radical -sentido de las instituciones, respeto a las reglas, fidelidad a los compromisos hasta el final- para resistir a las presiones de algunos y hacer una elección -permanecer en mi lugar- que a mi parecer sólo aparentemente sacrificaba la “razón de partido”. Sólo aparentemente, digo bien: porque permaneciendo en mi lugar no sólo ayudé a Europa (en los límites de mi mandato) a escribir una página ejemplar de solidaridad con las víctimas del régimen de Milósevic; también ayudé realmente a nuestro partido a obtener en las europeas aquel 8’5% de los votos en virtud de los cuales 7 diputados radicales se sientan en el Parlamento Europeo. Siete y ya no uno o dos, como antes; y hay una cierta diferencia. Hablaba del pasado que viene a ayudarnos en los momentos de incertidumbre. He empezado esta semana no lejos de aquí, en Zágreb, donde he revivido imágenes y emociones que remontan a los años 91 y 92, a los primeros fuegos del incendio de los Balcanes, a aquel Consejo General nuestro celebrado en un refugio antiaéreo en el que afirmamos el tema de la justicia penal internacional como prioridad absoluta de nuestra acción política. Nuestro pasado nos ayuda, queridos compañeros, pero nuestro destino nos acompaña. Volvemos a este país, que hemos visto sufrir y que vemos finalmente intentando edificar pacífica y democráticamente su futuro, y nos acompaña en estos mismos días el compromiso de amistad y solidaridad que hemos suscrito con otro país -Chechenia- y su pueblo. Y quiero afirmar antes que nada, para evitar malentendidos, que por radical -y también por fiel amiga del pueblo checheno- me siento doblemente turbada por los hechos acontecidos en Moscú . En tanto no-violentos, consideramos la violencia -como la que ha sido la captura de centenares de rehenes civiles en un teatro- un crimen, con pocas atenuantes. En tanto militantes de un partido político que defiende la legalidad y los derechos individuales creemos que los ejecutores de los hechos de Moscú han hecho un magro servicio al pueblo checheno y al gobierno legítimo del presidente Mashkadov. Y que han hecho, por contra, un inestimable servicio, a corto plazo, al régimen de Putin permitiéndole criminalizar a todo un pueblo y a sus amigos, es decir también a nosotros. (Dedicado a Putin) Permitidme dirigir, desde esta sala, algunas reflexiones al presidente de la Federación Rusa. No por megalomanía sino sólo por que me parece ya innegable que nuestro partido -pequeño como es- se ha convertido en uno de los blancos recurrentes del gigante ruso . Lo que nos halaga y preocupa al mismo tiempo. Nos halaga su atención, presidente Putin, porque significa que nuestra acción internacional es acertada. Pero nos preocupa su atención, presidente Putin, porque sabemos hasta qué punto le son extrañas la cultura de la no-violencia y la de la democracia y el Estado de Derecho, mientras que se hace más evidente la falta de prejuicios de su política y la temible -a menudo funesta- eficiencia de sus métodos. Apenas han pasado dos años, presidente Putin, del asesinato de Antonio Russo y de cuando su diplomacia, para conseguir que el molesto mosquito radical dejase de zumbar en las reuniones de las Naciones Unidas, no titubeó en acusarnos, por escrito, de ser narcotraficantes y terroristas. Hay algo de impúdico, presidente Putin, en la acusación de terrorismo que quien ha arrasado Grozny dirige a seguidores, como nosotros, del Mahatma Gandhi. Y no estamos acostumbrados a recibir sin reaccionar. Y le quiero decir y hacer saber que nosotros, los radicales, no hemos bailado nunca ni con dictadores ni con quien cree en la violencia. Corresponde a otros “bailar con los tiranos”, y entre ellos, demasiado a menudo, también algunos gobiernos democràticos. Lo hacen en nombre de un “realismo” que se revela en cada caso miope. Pero lo hacen. Y se arrepienten de ello raramente, o demasiado tarde. Y demasiado a menudo alianzas que deberían ser de pura conveniencia se convierten en colaboraciones acríticas entre democracias y tiranías. Desgraciadamente la máxima político-diplomática en virtud de la cual “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, se resiste a morir. Nosotros pensamos, presidente Putin, que el éxito conseguido por usted en Moscú se revelará una victoria pírrica. Y estamos convencidos de que el tiempo nos dará la razón. Pienso que las tentativas de criminalización continuarán y tendremos que permanecer firmes en nuestras razones y nuestra historia. (Algunas insoportables banalidades) Cada época, queridos compañeros y amigos, tiene sus lugares comunes. Y los lugares comunes -también en política- acostumbran a servir para esconder la ausencia de compromiso e ideas originales. En los tiempos políticos en los que vivimos me llega a ser cada vez más difícil dialogar con quien, en lugar de pensar por sí mismo, va repitiendo hasta la náusea un par de banalidades. Una de ellas consiste en lamentar “la ausencia de Europa en la escena internacional”; la otra consiste en proclamar que “América se está equivocando en todo” pero que, al mismo tiempo, es responsable de todo, desresponsabilizando así a todos los demás. Los dos postulados contienen, naturalmente, parte de verdad, pero los dos resultan inútiles porque se limitan a alimentar un antiamericanismo ritual y un euroescepticismo igualmente ritual. Sostener hoy que Europa esta “ausente” es como abatir una puerta abierta. La cuestión es que a las razones tradicionales, estructurales, de la debilidad político-diplomática europea (la ausencia de una política exterior y de seguridad común/las tensiones recurrentes entre los Estados miembros/sus veleidades nacionales nada adormecidas), a todo ello, se añaden en estos momentos algunos relevantes factores coyunturales destinados a durar demasiado: se unen al mismo tiempo los nudos de dos procesos históricos paralelos, la ampliación a 15 nuevos Estados europeos (que nosotros consideramos como la reunificación de nuestro continente dividido durante la guerra fría) y la reforma institucional interna. El resultado es que nuestra comunidad aparece hoy ante el mundo más como una obra abierta (destinada a permanecer abierta por bastante tiempo) que como una entidad político-institucional madura y aprobada, capaz de elaborar y aplicar sopesadas opciones diplomáticas. Digamos la verdad. La Unión Europea, la diplomacia de la cual nunca ha brillado por su rapidez de reflejos, per su incisividad o creatividad, está afectada hoy por una parálisis parcial que puede convertirse -por las razones que he mencionado- en parálisis total. Este estado de cosas no es ineluctable. Desde hace años muchas voces -entre ellas la nuestra- se han levantado inútilmente afirmando que hacía falta evitar fuera como fuera el poner encima de la mesa simultáneamente el “plato” de la ampliación y el de la reforma de las instituciones. Porque nos parecía evidente el riesgo, puntualmente presentado, de una superposición de plazos excesiva para ser eficazmente gestionada, y en esta superposición se perfila una Europa despeñándose. Los Balcanes son una exclusión perjudicial, así como otros países del Cáucaso o Israel; y nos mantenemos sin reflexionar suficientemente sobre les consecuencias de este “olvido”. Han tenido razón las Casandras. Naturalmente, el hecho de haber en parte previsto y en parte temido la situación complicada en la que está hoy la Unión Europea no exime a ninguno de nosotros de la obligación de cumplir con lo que le corresponde hasta el final. En primer lugar en el frente comunitario, para que el cruce entre los problemas de la ampliación y los de la reforma institucional no produzca -como efecto colateral- el archivo definitivo de nuestros ideales federalistas, del proceso de unificación política de Europa alrededor de los valores y principios fundadores de nuestra comunidad. Y tampoco nos exime, en la situación en la que nos encontramos, de nuestro compromiso en convertir a la diplomacia comunitaria en siempre más ética y siempre menos “realista”, orientada no ya a la defensa de los intereses verdaderos o presuntos de los Estados (como se hacía en el siglo dieciocho) sino a la defensa de nuestros valores y principios: de la legalidad internacional. También en este caso nos encontramos entre las Casandras. Es un poco nuestro destino como radicales. Al día siguiente del 11 de septiembre estuvimos entre los primeros en sostener -precisamente nosotros que alimentamos en los debates con los Estados Unidos una verdadera amistad política, admiración y solidaridad- que la guerra global contra el terrorismo no podía ser impostada sólo en términos militares y “de seguridad”. Estuvimos entre los primeros en sostener que este enfoque daría a luz nuevas “alianzas de conveniencia” -peligrosas y contra natura- y que de estas alianzas se pasaría a formas de colaboración acrítica entre gobiernos democráticos y tiranías enemigas de la humanidad. Ante la repetición de esta deriva de la diplomacia occidental se difunde un tercer lugar común, con el que me topo cada día cuando hablo con mis interlocutores habituales, de cualquier parte del mundo, cuando despacho mi correo electrónico. Este tercer lugar común consiste en la proclamación de que “al mundo de hoy le hace falta más democracia”. Sin decir mucho más. Los que estamos reunidos en este Congreso decimos y hacemos más: nos hemos dado el objetivo de ”organizar esta necesidad de democracia” dando vida a nuevas instituciones y nuevos interlocutores, dando vida -en el surco ya abierto por esta “Community of Democracies” nacida en Varsovia y que se reunirá dentro de pocos días en Seúl- a una “Organización Mundial de la Democracia”. (En su discurso, Emma Bonino introduce aquí cuatro disgresiones alrededor de estos argumentos: a- Una crítica a la PAC -política agraria comunitaria- de la UE desde los “países vecinos del sur del Mediterráneo, dondo yo vivo”. b- Exposición en la línea de Amartya Sen: para tener desarrollo hace falta libertad, ésta se basa en regulación, que políticamente toma cuerpo en el Estado de Derecho. Recordando que la libertad incluye la faceta económica. c- La distinción entre la gran mayoría de gobiernos y los que se reunirán en Seúl, recalcando que hay muchas democracias de fachada que son dictaduras y planteando si “caricaturas de la democracia” como Túnez o Pakistán pueden formar parte de la Organización Mundial de la Democracia. d- El tabú de la soberanía. “Además de los Estados, también los ciudadanos tienen derechos en el Derecho Internacional. Y la soberanía no atribuye a un Estado la autoridad, por ejemplo, de limpiar étnicamente su pueblo”.) La falta de democracia y de Estado de Derecho en el mundo árabe -y hablo también aquí por experiencia directa, vivida cotidianamente en tanto que paso buena parte de mi tiempo en El Cairo- nos demuestra la relación directa, de causa-efecto, que existe entre el ejercicio (en este caso falta de ejercicio) de los derechos civiles por parte de pueblos enteros y la estabilidad, su desarrollo económico y la seguridad internacional. Porque no hay duda, en mi manera de verlo, que entre los factores que hacen aparentemente “irresoluble” la crisis medioriental -más allá de su núcleo duro, que es el conflicto palestino-israelí- tenemos que incluir la incapacidad de los dirigentes árabes en su conjunto para aportar una contribución positiva, creativa, a la evolución pacífica de la crisis. La solidaridad formal, de fachada, que todos los gobiernos árabes ofrecen al pueblo palestino me parece básicamente instrumento de autolegitimación por parte de los mismos gobiernos respecto a sus respectivas poblaciones. Pero nadie sabe qué es lo que piensan realmente éste o aquel pueblo árabe de la crisis medioriental; ningún parlamento árabe digno de este nombre ha debatido nunca a fondo el conflicto palestino-israelí para poner sobre la mesa los intereses reales de la región, para discutir sobre las ventajas que toda la región podría conseguir con una solución pacífica de esta crisis que contamina les relaciones internacionales a escala global. (Disgresión citando a Saed Ibrahim acerca de que “una persona no libre es una persona pobre” y el choque de civilización entre países democráticos y no democráticos) (Utopistas? No siempre.) Nos persigue, queridos compañeros, la reputación de soñadores y utopistas. No sin alguna razón. Es suficiente, por otra parte, dar un vistazo a esta sala, que ve reunidos militantes radicales provenientes de cada continente, de Cuba al Turkestán, para tener la representación plástica de la última utopía que perseguimos, resumible en el slogan: oprimidos de todo el mundo, uníos! Somos utopistas -afortunadamente, añadiría- pero tenemos también la costumbre de transformar nuestra responsabilidad militante del “decir” en la responsabilidad del “hacer”: sabemos ofrecer soluciones institucionales en grado de gobernar problemas concretos. Por y para ello han nacido -y no hace falta contar aquí su historia- instrumentos de trabajo político radical, transnacional, como “Non c’è Pace senza Giustizia” , “Nessuno Tocchi Caino” , la campaña contra les Mutilaciones Genitales Femeninas... (Disgresión sobre los derechos de las mujeres y el apoyo a la campaña de algunas mises participantes en el concurso de Miss Mundo 2002 en Nigeria para revertir el boicot que quieren hacer algunos países. Con el objetivo de no perjudicar al nuevo gobierno nigeriano precisamente ahora que empieza a avanzar democráticamente, y que mantiene el número de lapidaciones efectuadas en cero mientras que en Irán ya van por 17.) Por y para ello nació el movimiento anti-prohibicionista, otro capítulo de nuestro pasado que me ha seguido también en estas semanas en que he estado comprometida en la dirección de la Misión de observación electoral de la Unión Europea en Ecuador. (Disgresión sobre los peligros para Ecuador -donde ha “votado con los pies” últimamente un 15% de la población-, y toda la región, del Plan Colombia y las dificultades que a veces hay para razonar con los amigos (norte)americanos.) (Conclusiones.) Éstas son, queridos amigos, nuestras razones. Que tanta gente nos reconoce fundamentadas. No es nueva una cierta frustración sentida al comparar la modestia de nuestros medios con la abundancia de reconocimientos rendidos a nuestra “lucidez”, “inteligencia”, “visión a largo plazo”. Si recibimos así tantos reconocimientos, si conseguimos sorprender a tantos observadores, no es a causa de una nuestra poco conocida genialidad sino simplemente porque estamos entre las rarísimas fuerzas políticas que expresan lo que piensan en total libertad, que no tienen intereses de poder por defender, ni tampoco prejuicios o tabús. Nos queda, entero, el problema de la desproporción entre los objetivos muy ambiciosos que nos proponemos y la limitación de los recursos humanos y financieros de los que disponemos. Tenemos que decidir aquello que podemos llegar a hacer. Tenemos que saber quièn financiará nuestro sueño transnacional y quien está dispuesto a militar por su realización. No querría parecer venal, pero este mismo congreso -que ve reunidos tantos delegados, tantos observadores, tantos periodistas- nos ha costado 600.000 euros: el equivalente de un año de autofinanciamiento, en el estado actual de nuestra capacidad. (Disgresión sobre si hay demasiados italianos en el Partido Radical Transnacional. No: hay pocos; y de no italianos aún peor. Es necesario hacer crecer, estabilizar y reforzar la presencia extraitaliana.) Para que vivan nuestras ambiciones, compañeros y amigos, son necesarias energías humanas e intelectuales, recursos financieros, un uso de las tecnologías informáticas aún más avanzado del -muy notable- que practicamos. Los órganos dirigentes que escogeréis deberán ser conscientes de que nosotros, los radicales, somos como los mosquitos: podemos fastidiar y poner a la defensiva incluso a un elefante. Pero como los mosquitos, es suficiente con un golpe de trompa, o de cola, para barrernos, que es nuestro riesgo permanente. Buen trabajo. ¡Vivan nuestras razones, vivan nuestros ideales y las esperanzas del Partido Radical!




Comunicati su:
[ Nonviolenza ] [ ONU e OMD ] [ Diritti Umani, Civili  & Politici ]

Rassegna Stampa su:
[ Nonviolenza ] [ ONU e OMD ] [ Diritti Umani, Civili  & Politici ]

Interventi su:
[ Nonviolenza ] [ ONU e OMD ] [ Diritti Umani, Civili  & Politici ]


- WebSite Info