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Living together - Combining diversity and freedom in 21st-century Europe [Report of the Group of Eminent Persons of the Council of Europe] PDF DOWNLOAD >>

DOCUMENTARIO DEDICATO DA AL-JAZEERA ALLA LEADER RADICALE EMMA BONINO

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CONFERENCIA DE BALTIMORE DROGA - Noviembre 16-17 1993

Intervencion de Emma Bonino, Secretaria del Partido Radical

Harbor Court Hotel, Noviembre 16-17 1993


SUMARIO: La Conferencia de las ciudades signatarias del llamamiento de Frankfurt invita a participar en la misma a Emma Bonino quién señala cuales deberían ser, a su parecer, las iniciativas a adoptar para dar respiro y perspectiva a la política de "reducción del daño" que dichas ciudades están siguiendo con respecto al tema del control de los efectos de las drogas. Como representante de un partido, Bonino afirma no tener ninguna indicación específica que dar a los expertos administradores locales, sino que lo único que puede hacer es sugerir algunas advertencias. La primera de ellas es que hay límites que el ejercicio de la justicia no puede superar, ni tampoco el Estado a quién corresponde aplicar leyes concretas, claras, que no pueden significar "injerencia" en las esfera de los derechos y de la vida privada del individuo. En la diversidad de posturas que los administradores manifiestan, falta una iniciativa que pueda unirles a todos. Esta no podrá ser, a su parecer, más que la denuncia (o por lo menos enmienda) de las actuales Convenciones que regulan la lucha contra la droga. Bonino recuerda a continuación los éxitos obtenidos en Italia: la victoria en el referéndum de abril de 1993, el hecho de que el gobierno italiano ha aceptado finalmente la política de "reducción del daño", y por último la recogida de firmas de la CORA sobre dos proyectos de ley innovadores. A partir de sus indicaciones, Bonino solicita el apoyo de los alcaldes, a los que recuerda que "necesitan una política" capaz de unificar y encauzar sus experiencias. Por último solicita adhesiones al partido radical transnacional. Señores alcaldes, representantes de las ciudades signatarias de la resolución de Frankfurt, en primer lugar quisiera darle las gracias al señor Schmoke - alcalde de Baltimore - que al organizar este encuentro ha abierto perspectivas más amplias de unión entre las ciudades que en el mundo pretenden aplicar una política de "reducción del daño": el debate de estos días pone de manifiesto lo graves que son las preocupaciones, las motivaciones y las urgencias - cada una de ellas tan necesaria, tan dramática - que les han traído hasta aquí en calidad de administradores ciudadanos: podrán ser los problemas de salud, o la incidencia cada vez más grave del consumo incontrolado, libre, subterráneo, ilegal de la droga en esa retahíla de delitos que se escapan de las manos, insidiosos, violentos, pero sobre todo desesperados que hacen que cada hora sea menos seguro simplemente el darse un paseo por la calle, en algunas horas, en algunas calles, en ciertos parques. Sobre todos estos temas, su debate dará resultados sin lugar a dudas significativos e importantes, y yo tendré al respecto muy poco que decirles a ustedes, que sugerirles, que añadir. A mí, como responsable política, se me tendrá que pedir otra cosa. De hecho estoy aquí para traerles mi experiencia en calidad de secretaria de un partido que se profesa heredero de una tradición de pensamiento liberal clásico al estilo europeo y que intenta promover una política - ayer nacional, hoy transnacional - para la afirmación - o mejor dicho la conquista - de un derecho claro, comprensible y cierto en un mundo en el que el sentido del derecho parece debilitarse o desaparecer, y el regreso a la barbarie parece predominar. A este partido, y a mí, nos interesa, en primer lugar, hacer crecer y consolidar una relación entre Estado y ciudadano que se base en leyes evidentes, aplicables, no violentas, tal y como insisten las teorías y las grandes e históricas aspiraciones al Estado de derecho. En dicha perspectiva, nosotros los radicales estamos profundamente convencidos de que la decisión más estricta y coherente que podemos brindarle a la comunidad ciudadana, e incluso al mismísimo toxicómano, es afirmar y hacer que se afirme, cada vez con más claridad, en el derecho positivo de los distintos países, el principio fundamental de que no hay crimen sin víctima, y que a partir de este principio, debe establecerse, insuperable, el límite de la intervención del Estado. Cabe mantener este principio y defenderlo sin claudicar también en lo que se refiere a la lucha contra la droga, de la misma manera que a instancias universales es reconocido como base de una buena ley. En nuestra lucha contra la droga, y en la relación con el toxicómano, el Estado no debe ni puede tener facultad alguna de injerencia en la esfera de la vida privada, siempre y cuando los comportamientos no ofendan a otras personas sino que estén relacionados única y exclusivamente con el destino del individuo, de cómo éste quiere afirmarlo o afrontarlo. A partir de estos argumentos, el Estado tendrá todo el derecho (y el deber) de información (en cuanto que la esfera pública puede garantizar mejor una información correcta e imparcial); pero no tiene derecho en absoluto a inmiscuirse en la esfera de las libertades personales, ni en las decisiones individuales de la vida. Si bien el intercambio de experiencias, problemas y preocupaciones - como ustedes, en calidad de administradores están llevando a cabo aquí - es muy importante, ello no es suficiente en absoluto ni tan siquiera para obtener aquellos objetivos por los que lógicamente se preocupan. Por ello, yo querría indicarles cuál considero puede ser la iniciativa capaz de unirnos a todos, con nuestras diversidades pero, asimismo, en una tensión única de voluntad operativa eficaz. Nosotros consideramos que para que se haga realidad el objetivo común, el de la "descriminalización" o el de la "sanitarización" de la toxicomanía, es necesario - inmediatamente, con urgencia y decisión - atacar los instrumentos jurídico-institucionales que determinan, en resumidas cuentas, la opción prohibicionista: es decir la convención de Viena de 1961/1972, la del 1971 sobre las sustancias psicotropicas, y por último la convención sobre el comercio de las drogas de 1988. He ahí el verdadero nudo del problema. Este es el camino, hoy por hoy, más sencillo para afrontar con decisión la cuestión del narcotráfico, poniendo en marcha una política de reducción de su peligro y de contención del daño que la política prohibicionista actual no ha sido capaz ni tan siquiera de poner en marcha, por encima de las promesas y de los deseos. Nosotros consideramos que son dos los caminos que se pueden recorrer: el primero, una campaña para "denunciar", según los artículos respectivamente 46 y 39, las convenciones actuales; la segunda es una propuesta de enmienda a las convenciones que los gobiernos podrían presentar para abrir un proceso de revisión que conduzca a una nueva negociación con la ONU, a una gran conferencia ONU que tome en consideración otras políticas posibles. Ambas estrategias no son alternativas, sino complementarias. Nosotros los radicales podemos venir aquí a defender lo buena que es esta iniciativa basándonos en los poco (o mucho, según los puntos de vista) que hasta aquí hemos obtenido, por el momento solo en Italia en donde estamos arraigados desde hace más tiempo: en primer lugar la victoria del referéndum popular que nosotros propusimos para la despenalización del consumo personal (un referéndum que se ha celebrado asimismo para despejar las cárceles italianas, en donde una enorme masa de reclusos está formada por simples consumidores, tal vez de drogas blandas). El país votó en abril de este año y el resultado ha sido sorprendente: el 55% de la población ha dicho que sí a nuestra propuesta (que de esta manera se ha convertido en ley del Estado), con un margen en términos numéricos de cerca de 3 millones y medio de votos con respecto a la decisión conservadora (lo que significa que la gente puede comprender, aprobar y apoyar incluso una línea liberal, y no sólo la "represiva"). Este éxito ha influido mucho en la conducta del gobierno que finalmente, en junio, ha adoptado la política de reducción del daño. Asimismo, la CORA, federada al partido radical, ha llevado a cabo, en Italia también, una gran recogida popular de firmas (son necesarias decenas de miles) para que llegue al Parlamento (y por lo tanto se aprueben, evidentemente) dos proyectos de ley: uno para la reforma de la ley sobre la droga actualmente en vigor, para introducir en términos explícitos y eficaces, los principios de la "política de reducción del daño"; el otro para llegar hasta la legalización de las drogas ligeras y a la neta distinción de éstas de las drogas pesadas, de manera que la ley sobre la droga (que en realidad seguiría estando en vigor) no considere prohibidas las drogas blandas: si este proyecto de ley es aprobado, se podrá por fin emanar en Italia una reglamentación que establezca las cuestiones relativas a la producción, venta y consumo de estas sustancias. Nosotros, del partido radical transnacional, que en los países en los que estamos presentes movilizamos, mantenemos unidos - sobre temas como el Tribunal de la ONU sobre los crímenes en la Antigua Yugoslavia o la abolición de la pena de muerte antes del año 2000 - a parlamentarios de los más dispares partidos y de distintos parlamentos, en este campo y con dicho objeto - que consideramos prioritario - les necesitamos a ustedes. Sin su convicción, sin su adhesión, sin sus recursos y posibilidades concretas de iniciativa no podremos lograrlo. Y sin tapujos de ningún tipo les digo a ustedes no que nos necesitan a nosotros pero sí que están necesitando una política, un punto de referencia con el que, día tras día, con acciones unívocamente finalizadas y realizadas de forma coordinada, pueden superar la condición inadecuada en la que se encuentran: que es la de poder intercambiar opiniones y experiencias pero quedarse necesariamente separados por el abismo insuperable de las diferencias de enfoque y de instrumentos técnicos a disposición. Si ustedes adoptan nuestra propuesta, apoyándola, superarán de golpe sus mismísimas dificultades, y podrían de esta manera consolidar las grandes posibilidades de movilización y convicción de las que disponen con respecto a un objetivo de enorme importancia para todo el mundo. Creo, en la medida de mis posibilidades, haberles brindado una contribución útil para sus trabajos. Por ello ahora, sin complejos de inferioridad ni tontas reticencias, me permito asimismo pedirles, desde este palco - para hoy no para un incierto e inútil futuro de hermosas promesas - que se inscriban ustedes también al Partido radical transnacional. Este es un partido que no les obliga a dejar ni a traicionar la pertenencia política de cada cual (en todo caso, la potencia y la enriquece), que no les hará jamás la competencia en las elecciones, pues no se presenta como tal. Libertario, libre al máximo, unido no por una disciplina dictaminada por burócratas o por aparatos sino sólo por la libre adhesión de los individuos, cuya vida la garantiza única y exclusivamente la aportación financiera de sus inscritos, que quiere ser un partido, y no una recopilación casual de anarquistas sin unión y entendimiento formal. Por ello, la inscripción es necesaria, es más, es indispensable, para quién desee concurrir al éxito de sus luchas. Y desde luego, la contribución de militancia, de atención y participación de personas como ustedes, investidas con responsabilidades delicadas y únicas, podría ser de valor incalculable.




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